
Determinadas películas, consideradas obras maestra, son intocables. Rob Zombie, que es más chulo que un ocho, se ha atrevido a poner sus manazas sobre la película con la que John Carpenter, a finales de los 70, inauguró el género slasher. Este músico heavy reconvertido por iluminación satánica en director de cine (La casa de los mil cadáveres, 2002 y Los renegados del diablo, 2005) demostró con sus anteriores incursiones en el séptimo arte que sabía hacer algo más que aporrear una guitarra. Le enseñó al mundo su universo freak, aliñado con altas dosis de gore, y con solo dos películas en su haber logró ganarse el respeto de un publico sediento de violencia extrema, llegando algunos incluso a hablar de él como del nuevo Tobe Hopper (pobre, aún está en activo y ya le han encontrado sustituto). Visto el éxito, Zombie decidió dejar a un lado lo de gritar a los micrófonos para intentar el más difícil todavía con su particular versión de Halloween.
La película – Rob Zombie´s Halloween, 2007- fue presentada en nuestro país durante el pasado festival de Sitges. Esta nueva y personal versión del psicópata enmascarado que acecha a sus víctimas la noche de las brujas, se centra durante su primera hora en la infancia malsana de un niño rubito de rostro angelical llamado Michael Myers. Al chico no le falta de nada: padre alcohólico, hermana ligerita de cascos, madre cabaretera… Así que el chaval no tiene más remedio que coger un cuchillo y cargárselos a todos. Tras pasar años encerrado en un psiquiátrico bajo la atenta mirada del mítico Dr. Loomis (un botoxtizado Malcom McDowell), Michael sale a la calle (después de haberse cargado a unos cuantos para que le abrieran la puerta, claro) en busca de su hermanita pequeña, Laurie Strode. Para llegar hasta ella tendrá que quitarse de encima a cuchilladas a sus sobreprotectores padres, sus pechugonas amigas y a cualquiera que se le ponga por delante.
Si bien la historia es la de siempre –ergo acierto seguro- el modo en el que la cuenta Zombie difiere mucho del original, utilizando una narración acelerada y desorganizada que provoca la sensación de estar en una especie de montaña rusa del terror barato. Donde Carpenter explotaba el suspense, racionando la angustia que sirve al espectador en pequeñas dosis, Zombie ofrece acción desenfrenada, colocando a las futuras victimas en el cuadrilátero una tras otra sin dejar tiempo al espectador para pestañear. Repite secuencias de la original plano a plano, pero acelera los ritmos y se olvida el trípode en casa, jugando con el briodramínico efecto “cámara en mano” casi toda la película. Este modernismo visual evoca a una película de acción o bélica, más que una cinta de terror y, sobretodo, suspense como sí lo era la original.
En los últimos años ha habido varios intentos de traer de nuevo a la tierra al psicópata de la careta blanca. Halloween H20 (Steve Miner, 1998) supo beber de la fórmula de los éxitos del momento (sobre todo de Scream) y tuvo el gran acierto de contar con la presencia de la auténtica Laurie Strode, la inimitable Jaime Lee Curtis (la prota de Zombie es una especie de Lindsay Lohan barata). La película quedaba muy lejos de las primeras entregas de la saga, pero al menos divertía. Está, pasada la primera media hora, mata de aburrimiento.




