sábado 17 de mayo de 2008

SALVAJÍSIMO EN LA REVISTA DE LA ACADEMIA

viernes 11 de abril de 2008

PLAN AMÉRICA


¡Esta serie es la  bomba! Médicos cooperantes, guerrillas, aventuras... Pincha aquí para ver el primer capítulo y échala un ojo a su blog que no tiene desperdicio (pincha aquí)
Próximo lunes a las 22:00 en la Primera la segunda entrega. ¡No te la pierdas!

domingo 9 de marzo de 2008

THE CURE

Rober Smith demostró en el multitudinario concierto que ofreció el pasado jueves en Madrid que la veteranía es un grado. Hizo las delicias de muchos durante casi tres horas y defraudó a todos los que se subieron al carro tras escuchar el Greatest Hits MTV Unplugged. Con el paso de los años la cultura popular se ha comportado con el grupo que inspiró el neoromanticismo gótico de los 80 igual que con todas las vanguardias: asimilándolo, engalanándolo y, sobre todo, olvidando todas las críticas que le propinó en el pasado por alejarse de la norma. Por lo visto Lullaby, ahora, es una nana pop.
The Cure parece estar dispuesto a participar de esta farsa, pero a su manera: suministraron las dosis justas para acallar a la masa, pero derrocharon nostalgia ya desde la abertura magistral de su Plainsong. El grupo exprimió las canciones del post-punk con el que nacieron como A strange day o One hundred years y camuflaron entre su repertorio temas del que será su próximo trabajo que verá la luz en mayo( por suerte no viene producido por Ross Robinson). El grupo se despidió con Why can't I be you y después de tres bises, tras los que a muchos nos faltó All cats are grey. A los del grandes éxitos también les faltaron maullidos, pero los de The lovecats.

miércoles 20 de febrero de 2008

NOSTALGÍA DEL BEAT

Se acusa al escaparate musical de protagonizar un revival en el que las influencias del pasado son tan evidentes que hacen difícil vislumbrar algo original. La realidad es que el revival es solo un supuesto: no se puede delimitar su origen ya que por encima de los 60 se hace difícil encontrar una categoría alejada de la nostalgia del pasado. Parece que la música funciona desde una recuperación constante y el revival es una de sus características intrínsecas.  
En la era de lo tecnoromántico, donde las nuevas tecnologías convierten en líderes a los que las utilizan como prolongaciones de su cuerpo, la inspiración en lo anterior roza la apropiación indebida. Un vistazo a los ipods de la chavaleria que hace cola en las discotecas de moda demuestra que la línea entre los tiempos ha quedado difuminada hasta hacerse casi imperceptible. Tras la sobredosis de new wave, la electrónica más cercana al techno y por ende, noventera amenaza con invadirnos. Sus digitales beats son capaces de aportar tantas dosis de nostalgia como lo hicieron las guitarras del post punk. Capitanean el movimiento Simian Mobile Disco, los que fueran responsables junto a Justice del himno “We are your friends” . Tras haber reventado miles de fotologeras pistas de baile se han dado cuenta de que lo que realmente añoran es su ácida adolescencia y en un intento por viajar en el tiempo han traído de vuelta el Pump up the jam de los efímeros Techonotronic. En la nueva versión homenajean al característico beat de la primera ya desde su título: It´s the beat. Hacen esperar el soniquete casi un minuto (de los escasos tres que dura la canción) y aportan solo unos instantes de lo que fue en su primera versión. Vuelven a introducirlo tras sucesivos prólogos y en su último tercio lo ensordecen con suavidad, casi como si lloraran en este acto desesperado por traerlo de vuelta en el tiempo. Pero lo único que queda de él es su forma. 
Es inexplicable la reacción de la mayoría de los que alzan sus brazos entusiasmados en las pistas por la presencia del beat: son demasiado jóvenes para echarlo de menos y seguramente ni tan siquiera lo conocían. ¿Qué hace falta para que algo ajeno y desvinculado de la propia experiencia movilice todos los mecanismos de nostalgia?

Aquí el pasado:


Aquí el presente:

miércoles 23 de enero de 2008

LA ORIGINALIDAD DE LA VANGUARDIA Y OTROS MITOS MODERNOS

Por Sofía de Juan y Sir Austin Powers. Rosalind E. Krauss reúne en este libro una serie de ensayos y estudios que discuten las concepciones que la crítica ha manejado sobre el arte, una realidad que con la llegada de la vanguardia quedó cuestionada para siempre. La literatura de las artes ha estado determinada por unos principios formalistas que establecían su juicio, pero la renovación estilística le obligó a concebirla como un organismo vivo. Un ser en si mismo que ha evolucionado (o involucionado) desde las tres dimensiones hasta la bidimensionalidad sin perspectiva ni figura. Se incorporó la línea como arte y la retícula se amplió hasta llegar a ser la propia protagonista. En la vanguardia el objeto conmueve y aunque la posmodernidad valore la contemplación superflua, la reflexión sobre la propia banalidad del acto siempre está presente. Las teorías estructuralistas y postestructuralistas, con su rechazo de las premisas históricas, aportaron las claves al enigma abierto entre la imagen y su significado que quedaba ya muy lejos de la simple mímesis. Los conceptos del arte dejaron de ser estables y se tornaron relativos. Los cánones de belleza, equilibrio y composición dieron el relevo a nuevos elementos flexibles que admiten tantas posibilidades como el propio discurso desde el que se valoran. Frente a la historicidad se impone la relación heterogénea y el criterio de oportunidad histórica que premia al caballo ganador.
Los artistas de la vanguardia han creado sus propios mitos en torno a ellos y sus obras. En el pasado, la contemplación de la obra era suficiente ya que el concepto se definía por sí mismo. Es difícil ignorar que en el arte contemporáneo la interacción con los mitos del creador aporta las claves lo que lleva a cuestionar si este se basa en la justificación. La obra de vanguardia, pese a su aparente frivolidad, requiere de la autobiografía de su autor. El ojo que la contempla debe conocer una vida privada para participar así de una historia del arte que deviene historia del nombre propio.
Otro de los elementos incorporados en la producción de vanguardia es su reproductibilidad mecánica que confronta el concepto de originalidad. Este choque enfrenta la cuestión de autoría, elemento fundamental incluso para los artistas más fronterizos cuyo narcisismo solo se apacigua desde el reconocimiento. Son ellos mismos quienes manchan de tinta oscura la palabra original, permitiendo que la reproducción inunde el sistema. La autenticidad pierde sus sentido, la cultura del original desaparece para evolucionar hacia la creación de la forma, ya que el arte es el artista. Su originalidad personal y particular define la obra y el resultado es la repetición y la recurrencia de sus elementos. El artista ególatra se copia a si mismo y evoluciona dentro de su propia recurrencia en un original que calca hasta el infinito sin necesidad de incorporar nuevas aristas. Trabajos como los de Mondrian o Agnes Martin se basan en la reiteración prolongando de la retícula.
En esa contrariedad del termino que creyeron inventar los abanderados de la vanguardia, Sherrie Levine encuentra su particular expresión artística cuestionando la originalidad de la obra mediante la posesión de arte ajeno al que incorpora su firma (after Walker Evans). Su obra reconstruye explícitamente la noción moderna de origen desde uno de los mayores discursos posmodernos evidenciados en el arte.
Es esta una era en la que la ausencia de estilo colectivo se plantea como su señal distintiva y en la que la crítica busca modelos colectivos que le otorguen las claves. La egolatría de la abstracción de un artista preocupado por él mismo y sin temática (por mucho que Carmean crea encontrarla en la abstracción de Pollock) ha sustituido a la mimesis. Una tiempo de pinturas no figurativas, donde el significado se impone a significado a su pretexto y donde la representación se plantea desde la indeterminación ya que nombrar un objeto no tiene porqué determinar necesariamente su existencia. Esta ausencia de referente promueve la confusión del lienzo con un objeto decorativo porque en la imaginación mundana una obra que no describe no puede ser arte. Es esta una vuelta de tuerca más en los umbrales de la reflexión posmoderna del arte por el arte, en el que nada pretende ser otra cosa que lo que se proyecte. Si lo que se demanda es un producto el lienzo lo ofrece. En la era de la sociedad de la información y el hipercapitalismo globalizado el individualismo parece el único camino. Tal vez la crítica deba replegarse al igual que lo hace el artista y valorar su propia evolución como movimiento, tal y como lo hace Rosalind E. Krauss.

martes 15 de enero de 2008

COMING SOON

lunes 31 de diciembre de 2007

¿ALGUNA VEZ HAS TENIDO GANAS...?